Así fue el histórico perdón que el Estado le pidió a una lesbiana

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Las reclusas de la cárcel El Buen Pastor, en Bogotá, se vistieron este miércoles de blanco. Cuando Marta Álvarez Giraldo ingresó por la puerta de la prisión, se pusieron de pie y la aplaudieron. Había emoción en medio del encierro. Y no era para menos, las internas veían entrar a la primera mujer lesbiana que, privada de la libertad, como ellas, le había ganado una pelea internacional al Estado colombiano, que la discriminó hace dos décadas por su orientación sexual. A Marta también la embargaba una sensación de paz, volvía a pisar una cárcel después de 14 años de quedar en libertad, pero lo hacía esta vez para recibir un histórico pedido de perdón en boca del propio ministro de Justicia, Enrique Gil Botero, quien reconocería minutos más tarde que el Estado le violó sus derechos basado en prejuicios y estereotipos.

Esta historia, que cerró su mejor capítulo hoy, comenzó en 1994 con la detención de Marta por el delito de homicidio. Llevaba dos años de relación con su novia y ambas querían tener un espacio íntimo para poder acariciarse sin miedo a ser señaladas en el patio de la cárcel. Así que Álvarez solicitó a la Fiscalía que le permitiera la visita íntima. Aunque el ente investigador la aprobó, el director del centro carcelario de Pereira se negó a hacerlo porque, según él, ese era un derecho para los heterosexuales y no para los homosexuales. Igualarlos sería algo “denigrante”. El 20 de enero de 1995, la mujer interpuso una tutela en busca de que la justicia le diera la razón, pero ésta también le falló. No tuvo más remedio que acudir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que sí reconoció que sus derechos a la igualdad y la no discriminación fueron vulnerados.

En 2014, la CIDH dijo entonces que el Estado era responsable de este ilícito internacional y recomendó varias acciones para reparar a la mujer lesbiana. Hoy se cumplieron las más importantes de estas promesas: las disculpas públicas del Estado y el lanzamiento del diario personal que Marta escribió en los casi 10 años que estuvo presa. Durante ese tiempo fue remitida a más de 10 cárceles, ya que los traslados fueron una de las formas con las que el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) intentó callar su lucha y romper sus lazos afectivos. En diciembre 2003 quedó libre al cumplir la condena a 20 años de prisión, que se redujo a la mitad por buena conducta.

Representantes del Gobierno, miembros del Inpec, reclusas y activistas se reunieron hoy en la cárcel El Buen Pastor. / Cristian Garavito – El Espectador

“La justicia cojea, pero llega”, comenzó diciendo Marta Tamayo, miembro de la Red Nacional de Mujeres, que en representación de Álvarez demandó al Estado colombiano junto a Colombia Diversa y el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional. A su lado estaban Marta y Marcela Sánchez, directora de Colombia Diversa. En el otro extremo de la mesa y con una bandera LGBT de fondo, se encontraban sentados el ministro de Justicia, Enrique Gil Botero; el director del Inpec, brigadier general Jorge Luis Ramírez Aragón, y el director de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado, Luis Guillermo Vélez. Y a ellos los miraban los ojos aguados de activistas feministas, miembros de la población LGBT, hombres del comité de derechos humanos de la cárcel La Picota, familiares de Álvarez, las mujeres privadas de la libertad y los guardias del Inpec.

“No solo le violaron los derechos a Marta. El Estado debe ofrecernos excusas a todas las mujeres: a las pirobas, los chachitos, las lésbicas, los machorros, las bimbas, las cacorras, las areperas, las masculinas y las femeninas, a las que se nos nota, y a las que no se les nota.  Porque cuando se violan los derechos de las personas privadas de la libertad por el simple hecho de ser lo que son, o por tener una sexualidad diferente a la mayoría, también violan los derechos de todas aquellas que no estamos privadas de la libertad”, afirmó Sánchez y las reclusas celebraron su discurso en medio de sonrisas y aplausos.

“Aún hoy nos siguen diciendo:  no se peine así, no se vista así, no se cambie de nombre, no le digan así, por qué se da besos con esa, por qué tiene novia, suéltale la mano…En otras palabras, nos controlan y castigan por el delito de enamorarnos de otra mujer. ¿Conocían ustedes el delito de enamorarse? Alguna gente parece que sí!, porque el amor entre mujeres les parece cuestionable. Las lesbianas exigimos igualdad porque nuestro amor es igualmente digno”, agregó la directora de Colombia Diversa.

Un guardia de seguridad del Inpec lee el libro de Marta Álvarez, “Mi historia la cuento yo”, un diario personal que escribió durante sus días de encierro. /Cristian Garavito – El Espectador

Después habló Marta Álvarez. “Fue muy difícil y doloroso estar privada de la libertad, pero fue más difícil tener que pagar dos condenas en una. Algo que los hombres y las mujeres heterosexuales no tienen que afrontar. Somos nosotras, ustedes, las lesbianas, quienes hemos sido obligadas a pagar dos condenas sólo por el hecho de sentir diferente. Que todas las lesbianas que fueron discriminadas se sientan hoy reivindicadas”, aseguró a los asistentes. El Ministerio de Interior intervino luego para lanzar oficialmente el libro “Mi historia la cuento”, escrito por Álvarez, del que se imprimieron ocho mil ejemplares para distribuir entre la población carcelaria.

El último discurso lo dio Gil Botero, quien con un contundente mensaje aceptó que el Estado le causó daño a Marta por excluirla y no considerarla igual, y aseguró que estos hechos son inadmisibles y no pueden repetirse. “En nombre del Estado lamento profundamente estos hechos y manifiesto mi rechazo total frente a interpretaciones abusivas y discriminatorias basadas en orientación sexual. Negar el derecho a la visita íntima en razón de su orientación sexual fue un hecho de discriminación extrema, pero no haberle ofrecido un recurso judicial efectivo para reivindicar sus derechos profundizó la violencia institucional de la que ya era víctima”, aseguró el ministro de Justicia.

Los aplausos retumbaron. Con esas palabras, se hizo historia. Por primera vez, el Estado colombiano le pidió perdón a una persona LGBTpor desprotegerla, por abandonarla. Y se comprometió a no permitirse jamás causarle daño a una persona por el hecho de amar a otra del mismo sexo, porque al fin y al cabo, como dijo el ministro de Justicia, “el amor no tiene sexo ni genitalidad… Perdón”.

El Espectador