Cien Frases inolvidables de Gabo

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Las cosas tienen vida propia, todo es cuestión de despertarles el ánima

La curiosidad pudo más que el temor

Lo esencial es no perder la orientación

Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra

Estaban ligados hasta la muerte por un vínculo más sólido que el amor: un común remordimiento de conciencia

Todos estaban dispuestos a morirse de viejos

La violó a los catorce años y siguió amándola hasta los veintidós

Había perdido el hábito de la ternura pero conservaba intacta la locura del corazón

Amparados por la deliciosa impunidad del desorden colectivo

Se lo explicó letra por letra: vas a tener un hijo

La mujer examinó con una especie de fervor patético su magnífico animal en reposo. Que Dios te la conserve

No pudo soportar la idea de que un retoño de su sangre quedara navegando a la deriva

De manera que nadie disfrutara de privilegios que no tuvieran todos

Si no volvemos a dormir, mejor. Así nos rendirá más la vida

Las infinitas posibilidades del olvido

Sus manos parecían dudar de la existencia de las cosas

Había estado en la muerte, pero había regresado porque no pudo soportar la soledad

Gratitud sin término ni condiciones

Nunca pudo entender el sentido de una contienda entre dos adversarios que estaban de acuerdo en los principios

Un amor de cansancio que nadie volvió a cuidar

Abandonados al albedrío de la muerte

Alcanzó a dar gracias a Dios por haber nacido, antes de perder la conciencia en el placer inconcebible de aquel dolor insoportable, chapaleando en el pantano humeante de la hamaca que absorbió como un papel secante la explosión de su sangre

La dicha trajo consigo la prosperidad

Lo liberaron del peso de una antigua amargura

Tenía la rara virtud de no existir por completo sino en el momento oportuno

No le importaba la muerte sino la vida, y por eso la sensación que experimentó cuando pronunciaron la sentencia no fue una sensación de miedo sino de nostalgia

No sintió miedo, ni nostalgia, sino una rabia intestinal ante la idea de que aquella muerte artificiosa no le permitiría conocer el final de tantas cosas que dejaba sin terminar

Si Aureliano lo dice, Aureliano lo sabe

Estaba cayendo una llovizna de minúsculas flores amarillas

Se dio el gusto de morirse de muerte natural

La posibilidad de coordinar a los elementos populares de ambos partidos para liquidar la influencia de los militares y los políticos profesionales, e instaurar un régimen humanitario que aprovechara lo mejor de cada doctrina.

Así padeció el exilio, buscando la manera de matarla con su propia muerte, hasta que le oyó contar a alguien el viejo cuento del hombre que se casó con una tía que además era su prima, y cuyo hijo terminó siendo abuelo de sí mismo

Había perdido el rastro de toda esperanza

Destino de mujer repartida

A salvo de toda vanidad

Y ella encontró siempre la manera de rechazarlo sin herirlo, porque aunque no conseguía quererlo ya no podía vivir sin él

Su aturdido corazón estaba condenado para siempre a la incertidumbre

Sus órdenes se cumplían antes de ser impartidas, aun antes de que él las concibiera, y siempre llegaban mucho más lejos de donde él se hubiera atrevido a hacerlas llegar

Y la normalidad era precisamente lo más espantoso de aquella guerra infinita: que no pasaba nada

Los privilegios de la simplicidad

Morirse es mucho más difícil de lo que uno cree

Los estragos que había dejado en ella más de medio siglo de vida cotidiana, y comprobó que no suscitaban en él ni siquiera un sentimiento de piedad

Hizo entonces un último esfuerzo para buscar en su corazón el sitio donde se le habían podrido los afectos, y no pudo encontrarlo

El desierto del amor

El mundo se va acabando poco a poco

Ella estaba desprovista de recursos para el amor

Dice que se está muriendo por mí, como su yo fuera un cólico miserere

El secreto de una buena vejes no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad

¿Cómo está, coronel? Aquí, Esperando que pase mi entierro

Optaron por no volver al cine, considerando que ya tenían bastante con sus propias penas para llorar por fingidas desventuras de seres imaginarios

Hembras babilónicas provistas de toda clase de ungüentos y dispositivos para estimular a los inermes, despabilar a los tímidos, saciar a los voraces, exaltar a los modestos, escarmentar a los múltiples y corregir a los solitarios

Remedios Buendía no exhalaba un aliento de amor, sino un flujo mortal

El silencio parecía llevado de otra parte, todavía sin usar, y era por eso tan torpe para transmitir la voz

Tratando de adiestrarla para la felicidad doméstica

Uno no se muere cuando debe, sino cuando puede

Hizo con ellos la guerra triste dela humillación cotidiana, de las súplicas y los memoriales, del vuelva mañana, del ya casi, del estamos estudiando su caso con la debida atención

Pudriéndose de viejos en la exquisita mierda de la gloria

Empezó a cometer errores, tratando de ver con los ojos las cosas que la intuición le permitía ver con mayor claridad

Y sentía unos irreprimibles deseos de soltarse a despotricar como un forastero, y de permitirse por fin un instante de rebeldía, el instante tantas veces anhelado y tantas veces aplazado de meterse la resignación por el fundamento, y cagarse de una vez en todo, y sacarse del corazón los infinitos montones de malas palabras que había tenido que atragantarse en todo un siglo de conformidad

Era una viuda a quien todavía no se le había muerto el marido

En más de una ocasión se miraron a los ojos cuando se disponían a comer, y sin decirse nada taparon los platos y se fueron a morirse de hambre y de amor en el dormitorio

Se encerró con tranca dentro de sí mismo

La zozobra de la ociosidad

Había aprendido a pensar en frío, para que los recuerdos ineludibles no le lastimaran ningún sentimiento

Misterios que eran del dominio público

Había llegado a la vejez con todas sus nostalgia vivas

A veces le dolía haber dejado a su paso aquel reguero de miseria

Estaba ya viciada por el rencor

Un minuto de reconciliación tiene más mérito que toda una vida de amistad

Sintió el peso de su mano en la rodilla, y supo que ambos llegaban en aquel instante al otro lado del desamparo

La ansiedad del enamoramiento no encontraba reposo sino en la cama

Ella pensaba entonces que el amor de un modo derrotaba al amor de otro modo, porque estaba en la índole de los hombres repudiar el hambre una vez satisfecho el apetito

La atmósfera era tan húmeda que los peces hubieran podido entrar por las puertas y salir por las ventanas, navegando en el aire de los aposentos

Ella consideraba que las puertas se habían inventado para cerrarlas

La había tenido siempre como un estorbo, como el trapito de bajar la olla, como un monigote pintado en la pared

Si era que ella no cagaba mierda sino astromelias

Su legítimo perjudicador

La tremenda fuerza interior de la cantaleta

Creyó que su tenacidad era diligencia, y que su codicia era abnegación y que su tozudez era perseverancia

El tiempo no pasaba, sino que daba vueltas en redondo.

Que hagan con nosotros lo que les dé la gana, porque esa es la única manera de espantar la ruina

Siempre andaba cerca del aburrimiento y el cansancio

Confundía con el amor la compasión que él le inspiraba, y el sentimiento de solidaridad que en ambos había despertado la miseria

Escarbó tan profundamente en los sentimientos de ella, que buscando el interés encontró el amor, porque tratando de que ella lo quisiera terminó por quererla

Y se lamentaba de cuánta vida les había costado encontrar el paraíso de la soledad compartida

Gozaban con el milagro de quererse tanto en la mesa como en la cama

Con la idea de que la caridad continuada era una forma de humillar a quien la había humillado

Aun en esas circunstancias no compartieron la soledad, sino que siguieron viviendo cada uno en la suya

Pero el prolongado cautiverio, la incertidumbre del mundo, el hábito de obedecer, habían resecado en su corazón las semillas de la rebeldía

Estaba preparado para asustarse de todo lo que encontrara en la vida

Todo cuanto Dios había creado con su infinita bondad, y el diablo había pervertido

Bastaba con verlo una vez para darse cuenta de que la fuerza secreta que le permitía vivir no era el instinto de conservación, sino la costumbre del miedo

Su secreto parecía consistir en que siempre encontraba el modo de estar ocupada, resolviendo problemas domésticos que ella misma creaba y haciendo mal ciertas cosas que corregía al día siguiente

Tenía un hombre fijo, un machucante de planta

Se había propuesto vencer a la esposa por el cansancio de la eterna complacencia

Y sin que él hubiera revelado que estaba llorando de amor, ella reconoció de inmediato el llanto más antiguo de la historia del hombre

El mundo habrá acabado de joderse el día en que los hombres viajen en primera clase y la literatura en el vagón de carga

Recordaran siempre que el pasado era mentira, que la memoria no tenía caminos de regreso, que toda primavera antigua era irrecuperable, y que el amor más desatinado y tenaz era de todos modos una verdad efímera

Se miraron a la cara con la mano en el corazón, y comprendieron que estaban tan identificados que preferían la muerte a la separación

Y le suplicaba que no se preocupara, que la gente como ella no estaba hecha para morirse contra la voluntad