Enfermarse en Colombia duele el doble

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Amparo Martínez ruega para que el sistema de salud autorice un tratamiento de quimioterapia y trasplante de médula para su hermana

Enfermarse en Colombia duele el doble. Se carga con el padecimiento físico y con la impotencia de tener que rogar para ser atendido por el sistema de salud. No importa la enfermedad, ni la urgencia, en el país todos los días se escucha un nuevo caso. Amparo Martínez Pérez se ha despertado las últimas semanas con la incertidumbre de saber si ese día sí recibirá una llamada que le confirme las sesiones de quimioterapia que su hermana Maryann, de 21 años, espera desde agosto, la última vez que le hicieron una. Le diagnosticaron linfoma de Hodgkin en 2011 y desde entonces ambas han tenido que lidiar con un sistema que parece que no reconociera a la salud como derecho fundamental.

Amparo y su hermana tuvieron que trasladarse a Bogotá porque en el pueblo en el que vivían (Manaure, en La Guajira) no había cómo tratar su enfermedad. No solo la violencia ha desplazado a las personas en Colombia, el sistema de salud también lo ha hecho. “Si nos quedábamos allá la dejan morir, desafortunadamente en las regiones apartadas es todo más difícil, hasta enfermarse”. Ellas han sido acogidas en fundaciones que ayudan con posada y alimentación a los enfermos y a sus acompañantes en la capital del país.

“Tuvimos que separarnos del resto de la familia para poder estar más cerca de los médicos”, cuenta la mujer que se volvió una experta en temas jurídicos en el proceso para que su hermana empezara a recibir un tratamiento, suspendido hace tres meses por una deuda de la entidad que le presta servicios médicos con el Instituto Nacional de Cancerología. “La respuesta ha sido que esta empresa le debe dinero al instituto y por eso no la pueden atender”, reclama Amparo. Su hermana también espera un trasplante de médula.

El sistema de salud tiene graves problemas financieros y el efecto lo sienten los pacientes. En Colombia la atención se presta a través de las EPS (entidad promotora de salud de carácter privado) que contrata con hospitales, clínicas, centros médicos los servicios que necesita el usuario, pero algunas EPS no cumplen con los pagos y los enfermos sufren las consecuencias. El ministro de Salud, Alejandro Gaviria, dice en su blog personal que los daños en estas finanzas no pueden reducirse a un problema generado exclusivamente por la corrupción.

Gaviria recuerda las dos explicaciones que se suelen escuchar cuando se habla de los defectos del sistema de salud. Señala la que ponen énfasis en el mal manejo de los recursos y de la que apunta hacia un desbordamiento del gasto asociado a precios de medicamentos y aparatos médicos. “Los problemas financieros de la salud tienen causas complejas y su solución va mucho más allá del eslogan conveniente, No más EPS”, escribe el ministro. Justamente un grupo de concejales está promoviendo la eliminación de la mediación de empresas privadas en el sistema. Han recogido más de 2.000 firmas y si se acercan a las 4.000 la idea empezará a ser estudiada en el Congreso. Los pacientes, mientras tanto, siguen esperando.

“Maryann está atrasada en tres quimioterapias, a ella se las debe poner cada 21 días, pero no han vuelto a autorizarlas. Nos aferramos a Dios para soportar esto, solo nos queda la fe”, dice Amparo. Los colombianos se han visto obligados a aprender a usar las herramientas que les da la ley para defender el derecho a la salud. Los datos recogidos en 2015 por la Defensoría del Pueblo señalaban que cada tres minutos un nuevo paciente se quejaba por la vía legal. Las deudas de las EPS con las clínicas y hospitales son altas, pero nada comparable como las que tienen con los enfermos del país.

El País