Agosto 11: Santa Clara y las Hermanas Clarisas

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Cada 11 de agosto laIglesia Católica celebra a Santa Clara de Asís, patrona de la televisión, de las telecomunicaciones y de los clarividentes. Fundó la Orden de las Clarisas, la rama femenina de los Franciscanos.

Santa Clara, cuyo nombre significa “vida transparente”, fue gran amiga de San Francisco de Asís. Desde muy pequeña fue dotada de innumerable virtudes. Siempre tomaba los trabajos más difíciles y se preocupaba por los detalles más pequeños.

Cierto día, tenían un solo pan para 50 hermanas. Santa Clara lo bendijo y rezando todas juntas el Padre Nuestro, multiplicó el pan y lo repartió a sus hermanas. Luego envió la otra mitad a los hermanos menores. Ante esto, dijo: “Aquel que multiplica el pan en la Eucaristía, el gran misterio de fe, ¿acaso le faltará poder para abastecer de pan a sus esposas pobres?”

Una de sus frases más conocidas es “El amor que no puede sufrir no es digno de ese nombre”. Vivió una vida de mucha mortificación, ayuno y oración. Era exigente consigo misma y todo lo hacía con amor y regocijo por vivir, servir y desear solamente a su amado Jesús.

Estuvo enferma 27 años en el convento de San Damiano, soportando sufrimientos de manera heroica. Tanto así que el Sumo Pontífice la visitó dos veces y exclamó: “Ojalá yo tuviera tan poquita necesidad de ser perdonado como la que tiene esta santa monjita”.

Muchas ciudades, santuarios y templos llevan su nombre. En septiembre del 2010, el Papa Benedicto XVI, comentó que la vida de Santa Clara constituye un ejemplo de la importancia de las mujeres en la vida eclesial y que esta santa “demuestra cuánto debe toda la Iglesia a las mujeres valientes y ricas de fe como ella, capaces de dar un impulso decisivo a la renovación de la Iglesia”.

“Vivimos por Cúcuta”: hermanas Clarisas Franciscanas

La comunidad de las hermanas clarisas franciscanas nació en 1212, en Asís (Italia), como idea soñada de san Francisco y trasmitida luego a santa Clara, oriundos de esa ciudad.

La santa siempre fue fiel al ideal de pobreza de san Francisco y consiguió que el Vaticano le aprobara el “privilegio de la pobreza”, razón que no les permite a las monjas ser dueñas de propiedades. En el mundo hay 22.000 religiosas de la comunidad.

¿Cómo llegaron a Cúcuta? En Pamplona estaba la comunidad de las Clarisas Franciscanas. Cecilia era una de las monjas y se caracterizaba por el liderazgo. Un hermano suyo, para apoyarla en la vocación, donó a la comunidad el terreno para construir el convento.

El emprendimiento de la monja logró que se consolidara la idea. Nunca ha decaído la institución. Hubo una época en que estuvo conformado por 22 religiosas, ahora sólo hay nueve. Algunas murieron, otras fueron trasladadas a diferentes lugares. Hace 18 años no entran jóvenes que quieran ser parte de la orden.

Esta comunidad  se caracteriza por la devoción eucarística. A diario el convento es visitado por decenas de personas que entregan a las monjas hojas de papel en las que escriben peticiones y oraciones, a cambio donan entre $2000 y $10.000.

La gente no sólo va en busca de oración, muchos humildes, sobre todo ancianos, piden mercado. Las clarisas con las ayudas que reciben  atienden las peticiones.

Para mantener económicamente al convento, las monjas hacen ostias que son vendidas en las iglesias de la ciudad. También, ofrecen el aceite consagrado, el lazo de San Francisco de Asís y Detentes, que sirven para proteger  y prevenir de maleficios a los que adquieren estos productos.

Los lunes, miércoles y viernes, los visitantes pueden hablar con las monjas en el pequeño locutorio. Les comentan problemas, necesidades, angustias y tristezas. Los aconsejan, les dan palabras alentadoras  y les sugieren la oración para  el enriquecimiento del espíritu.

EL LOCUTORIO

La puerta donde está retratada Santa Clara da con dos  cuartos pequeños, a los que llaman locutorios. Son  ventilados y tranquilos, divididos por una reja. La monja se sienta de un lado y el visitante del otro, a conversar. Flores y pañuelos adornan las salas.

Antes, se tapaban. La reja divisoria estaba cubierta con un velo. La gente las escuchaba, pero no las veía. Sólo podían ser vistas por los parientes. Luego del concilio en 1965, las normas cambiaron. El velo se quitó y están más dadas a interactuar con la comunidad.

“Nosotras vivimos por Cúcuta”, dijo la hermana Ángela, con una tierna sonrisa. Junto a la hermana Helena son quienes conversan  con los fieles y reciben las ayudas.

Las clarisas esperan un cambio social, que los problemas disminuyan y los aspectos negativos concluyan para que reine la paz. Oran por los demás, ayudan a los necesitados y hacen lo que está al alcance  para que el sueño cada día esté más cerca de la realidad.

JULIETH CANO

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