Latinos Go Home

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Esta iniciativa fue presentada por 26 estados y podría generar un fallo importante sobre el poder presidencial y las políticas de inmigración, en medio de una campaña electoral en la que ambos temas han sido muy importantes.

Jerry Pinto es uno de los más de cuatro millones de inmigrantes cuyas vidas podrían ser transformadas por la decisión de la Corte Suprema. Pinto es un boliviano que sueña con tener un amplio taller de carpintería en Fairfax, Virginia, con un letrero que tenga su nombre sobre la puerta.

“Quiero un lugar donde pueda ser visible”, dice con nostalgia. Pero, por ahora, sabe que debe mantener un perfil bajo porque está en el país de manera ilegal. Dirige su negocio de carpintería desde el pequeño garaje trasero que tiene en su casa.

La Corte Suprema decidirá si las personas como Jerry Pinto tendrán la oportunidad de vivir a la luz pública o seguirán con sus vidas anónimas y sin llamar la atención.

En este año electoral, el fallo sobre este plan se torna crucial porque los dos principales candidatos a la nominación presidencial republicana, Donald Trump y el senador de Texas, Ted Cruz, han dicho que deportarán a los 11 millones de extranjeros que residen en el país de manera ilegal.

La propuesta del Presidente Obama beneficiaría a los inmigrantes que son padres de ciudadanos estadounidenses y residentes permanentes, si pasan la revisión de antecedentes y no poseen antecedentes penales graves.

La mayoría de los padres tienen familias como las de Pinto: una mezcla migratoria que les otorga diferentes oportunidades y límites para la apertura, el secreto y el miedo dentro de la familia.

Su esposa Elvira, de 47 años, es de México, y también entró al país de manera ilegal. Su hija Ambar, de 22 años, y su hijo Jerry Rodrigo, de 15, nacieron en Bolivia, pero crecieron como jóvenes estadounidenses en Virginia, aunque no poseen la residencia legal. Christian, su hijo de ocho años, es el ciudadano nacido en Estados Unidos que hace a sus padres elegibles para el programa de Obama, si se aprueba.

Elvira Pinto revisa una caja con fotos de su vida antes de llegar a Estados Unidos. ‘Escuché en la radio sobre una redada cerca de aquí y eso me recuerda que una mañana puedo salir a la calle y nunca volvería a ver a mis hijos’, dijo. CreditLexey Swall para The New York Times

Jerry Pinto fue el primero de la familia en inmigrar. Él y su esposa, a quien conoció mientras estudiaban en México para ser economistas, eran profesionales de clase media en Bolivia antes de que la economía se derrumbara en la década de 1990. Volvieron a México y en 2004 se incorporaron a la marea de mexicanos que cruzan la frontera hacia Estados Unidos.

Pinto recuerda que se perdió durante cuatro días en el desierto de Arizona, sin agua, en medio del calor del verano por lo que los pies se le llenaron de ampollas y tuvo que que arrastrarse.

Se dirigió a Virginia, donde tenía parientes y no tardó en descubrir que podía trabajar en la construcción sin tener documentos legales o un número de Seguridad Social. Pronto aprendió fontanería para poder tener dos empleos y también se especializó en la fabricación de molduras exteriores. Hace varios años se compró una sierra industrial que instaló en su garaje y comenzó su propia compañía.

“No puedo pensar en nada más que la supervivencia y asegurarme de que mis hijos tengan algo de comer”, explica Pinto. Aunque vive en medio de los suburbios muchas veces no podía pagar el alquiler y comprar comida por lo que su esposa, Elvira, limpia casas para reforzar los ingresos familiares.

A pesar de llevar más de una década viviendo en Estados Unidos, a menudo Elvira evita salir de la casa. “Escuché en la radio sobre una redada de inmigración cerca de aquí” dijo, “y eso me recuerda que una mañana puedo salir a la calle y nunca volvería a ver a mis hijos”.

La familia Pinto espera con mucha ansiedad la decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos. Christian, el único ciudadano estadounidense, ya cursa el tercer grado y sabe lo que podría suceder si los agentes de inmigración llegan a detener a su familia. Su padre y sus hermanos podrían ser enviados a Bolivia, su madre a México y él podría quedarse solo en Estados Unidos.

“Al principio yo ni siquiera sabía lo que significaba la palabra inmigrante”, dijo Christian. “Ahora sé que ser un ciudadano es muy importante para mí, porque si yo no hubiese nacido aquí no podría ayudar a mis padres para que vivan en este país”.

Si la corte confirma la propuesta de Obama, Jerry Pinto aplicará de inmediato. Él necesita una licencia de conducir de Virginia (la que usa es de Maryland), además quiere sacar un préstamo para abrir su taller y una hipoteca para comprar su casa.

“Me siento como un estadounidense”, dijo Pinto. “Ahora este es mi país”.

NY Times