Colombia: abundan los políticos pero escasean los líderes

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Se aproximan las elecciones de 2018 y aumenta la confusión: cada vez son más los candidatos, las facciones, las alianzas en ciernes y los cruces de cables. No hay partidos ordenados, no hay líderes destacados ni hay tampoco la esperanza de cambio.

Javier Duque Daza*

Partidos fluctuantes y jefaturas personales

Durante las últimas décadas nuestro sistema de partidos se ha comportado como un abanico: fue semi-cerrado bajo el largo duopolio liberal-conservador; fue exageradamente abierto después de la Constitución de 1991, con un multipartidismo fragmentado, y volvió a ser semicerrado parcial y gradualmente con las reformas políticas que desde el 2003 nos fueron acercando a la situación actual, con 10 partidos en el Senado y 15 en la Cámara de Representantes.

Pero a pesar de los partidos- que implicarían algún sentido de lo colectivo- sus liderazgos surgen por iniciativas individuales en el interior de facciones o núcleos de poder, al mismo tiempo que -fuera de los partidos- hay muchísimos políticos que se abren campo por sus propios medios.

Este personalismo intenso se exacerbó últimamente con Álvaro Uribe como jefe absoluto de la  derecha radical, con el debilitamiento de los partidos Liberal (PL) y Conservador (PC), con  las facciones que cambian de partido, y con el recurso creciente a las firmas para lanzar candidaturas.

De esta manera los liderazgos nacionales brillan por su ausencia, mientras se multiplican las aspiraciones individuales y las aventuras electorales.

Las seis estrategias


Partido sin candidato y en búsqueda de una alianza. 
El Partido de la U no tiene candidato propio y se ha ido desintegrando con la retirada de Uribe y sus allegados, el retorno de Marta Lucía Ramírez al conservatismo, la ausencia de Gina Parody, y con Musa Besayle y Bernardo Miguel Elías -sus dos mayores electores- involucrados en casos de corrupción.  Bajo esas circunstancias los partidos y los candidatos se preparan de seis modos para las  elecciones del 2018:

Entre sus 19 senadores (descontados dos por aplicación de la silla vacía), 37 representantes, ministros, ex ministros y círculo de apoyos, el Partido de la U no encontró un candidato con posibilidades de éxito o capacidad para impulsar una coalición. Muchos políticos y pocos líderes.

El CD es una amalgama de políticos que reconocen a Uribe como jefe indiscutido y salvador de la patria.
  1.  Auto-postulados a través de firmas. Varios candidatos han anunciado que aspiran a  través de firmas y prescindiendo de sus partidos:
  • Gustavo Petro ha pasado por la Alianza Democrática M-19, Vía Alterna, el Polo Democrático Independiente, el Polo Democrático Alternativo (PDA), y ahora por su propia agrupación Colombia Humana. Incapaz de construir una propuesta colectiva estable, confía solamente en su retórica y su imagen.
  • Clara López también le apuesta a las firmas. Renunció en malos términos al PDA: lo acusó de estar en manos del MOIR y de haber y excluido a sus seguidores. Una candidatura con poco futuro buscando una alianza que no sea con antiguos copartidarios: las endémicas divisiones de la izquierda.
  • La ex senadora del PL Piedad Córdoba se ha auto postulado por firmas. Durante  los últimos años ha hecho parte del movimiento Marcha Patriótica, defensor del Chavismo de Venezuela y del proceso de paz con las Farc. Junto con Petro es la candidata ubicada al extremo izquierdo.
  • Alejando Ordóñez decidió presentarse bajo el eslogan “Por la familia, firmo por Ordóñez”, en oposición al proceso de paz con las FARC. En  la defensa de un catolicismo sectario decidió renunciar al PC, lo acusó de apoyar al gobierno y de haber renunciado a sus ideales.
  • Del PC también se ha distanciado Marta Lucía Ramírez, quien ahora se auto postula con firmas, mientras flirtea con el Centro Democrático (CD). Acusó al PC de falta de democracia y a los congresistas de haber saboteado su candidatura anterior, cuando apoyaron a Santos.
  • Después de las negociaciones con las FARC, Humberto de la Calle regresó al liberalismo de la mano de César Gaviria y anuncia que si no se hace una consulta en noviembre de 2017 se postulará por firmas. No descarta una alianza con el Partido de la U o con otros candidatos que defiendan el Acuerdo de La Habana.
  • Juan Carlos Pinzón, sin ningún antecedente en cargos de elección popular, que hizo parte del gobierno de la Unidad Nacional y se retiró del Partido de la U, tomó distancia conveniente de Santos y se embarcó en un vago proyecto suprapartidista.
  1. Los que antes optaron por firmas pero ahora defienden los partidos y buscan candidato. Los uribistas pasaron del movimiento “Primero Colombia” y las candidaturas “independientes” o por firmas de Uribe en 2002 y 2006, al rígido partido Centro Democrático (CD), que se propone presentar un candidato oficial.

El CD es una amalgama de políticos que reconocen a Uribe como jefe indiscutido y salvador de la patria. Se propone escoger un candidato de entre cinco aspirantes: Carlos Holmes Trujillo, María del Rosario Guerra, Iván Duque, Paloma Valencia y Rafael Nieto Loaiza.  Aunque Uribe intenta mantener la unión, hay fracturas internas y no se ve quien pueda ser el candidato. Existe la posibilidad de una alianza con dos desertores del PC (Ramírez y Ordoñez), y a este bloque ya se sumó Andrés Pastrana.

  1. Un candidato que busca firmas sin renunciar a su partido. Germán Vargas ha optado por una estrategia híbrida. Su partido Cambio Radical (CR) ha estado en la mira pública por sus nexos con la criminalidad, la corrupción de muchos de sus integrantes y por expedir avales en forma indiscriminada.

Pero el partido ha optado por combinar dos estrategias: mantener su etiqueta oficial que le permite avalar a sus congresistas y los candidatos que reclute, y presentar al candidato presidencial con firmas o disfrazado como independiente.

  1. Un partido que intenta recuperar espacio con una candidatura oficial. El PL se esfuerza por contener su decadencia tras dos décadas sin ganar elecciones. Hay tres precandidatos: Juan Fernando Cristo, Juan Manuel Galán y Humberto de la Calle. Ninguno de ellos registra bien en las encuestas. Vivian Morales, que intenta hacer compatible la militancia liberal con su pertenencia a una iglesia cristiana, retiró su postulación y no descarta recurrir a las firmas.
  2. Una coalición entre un líder de izquierda y dos outsiders. La “Coalición Colombia”, una alianza entre Jorge Robledo del PDA, Claudia López de la Alianza Verde y Sergio Fajardo, definido como líder de “extremo centro”, aséptico ideológicamente y antipartidista e independiente.

Ellos son la expresión de los liderazgos personalistas, cada uno con un estilo diferente. Tienen en común ser muy críticos de la política tradicional y tener como bandera la anticorrupción. Está por definirse cómo decidirán la candidatura y si es presentada por la coalición PDA-Alianza Verde-Compromiso Ciudadano, o bajo la etiqueta por la cual se constituyó el comité de recolección de firmas de Fajardo.

Muchos políticos, pocos líderes


La débil organización y la inexistencia de mecanismos para formar líderes impiden el surgimiento de figuras.
La débil organización y la inexistencia de mecanismos para formar líderes impiden el surgimiento de figuras renovadoras para poder atraer a las nuevas generaciones descreídas de políticos, partidos y gobiernos irrelevantes.

Los partidos cuentan con pocos líderes con prestigio, capacidad de movilización, cualidades intelectuales y capacidad de gestión. Así lo indica una breve mirada al panorama:

  • El PL ha pasado por las tres candidaturas fallidas de Horacio Serpa, el intento frustrado de Rafael Pardo y la no candidatura en 2014. Para el 2018 no hay alguien que jalone al partido; naufraga entre Cristo, Galán, De la Calle y una senadora que antepone sus convicciones religiosas. No hay mucho de donde escoger.
  • El PC está en el peor de los mundos: su ex presidente activo en la política nunca ha sido un líder importante y se alió con Uribe; pocos días antes Pastrana manifestó que el PC “es absolutamente corrupto”.

El partido está achicado, apocado, avejentado y con su actual director nacional involucrado en la red de corrupción de los magistrados y otros pendientes de la Dirección Nacional de Estupefacientes. Sus dos precandidatos renunciaron y no hay relevo generacional, además piensan reencauchar a Carlos Holguín Sardi como director. Entre sus congresistas nadie sobresale como líder nacional y muchos están siendo investigados por corrupción. Lleva cuatro elecciones sin candidatos competitivos, otro partido en disolución.

  • En CR tampoco hay de donde escoger. Vargas Lleras es su líder absoluto, fracasó en 2010 y en 2014 solo alcanzó para ser vicepresidente de Santos. Aspira a que la clientela de congresistas y políticos le ayuden en 2018. Un partido en donde escasean los líderes, eclipsados por el nieto del expresidente Lleras Restrepo.
  • El CD le apuesta al “que Uribe diga”. Una camada de políticos que combina nuevos congresistas, un veterano ex diplomático ex liberal y un desconocido con aspiraciones. Si no fuera por su jefe no figurarían en la escena política; este nexo   les impide tener voz, imagen y perfil propios.  Son tan prescindibles como Francisco Santos y Óscar Iván Zuluaga. Estos partidos en torno a un líder, vehículo de las ambiciones de su caudillo, suelen desaparecer cuando el líder no está o pierde vigencia.
  • La izquierda sigue dando vueltas: Petro, Navarro, Piedad Córdoba, Clara López, Jorge Robledo. Este último ha sido el mejor congresista del país en los últimos lustros y después de quedarse solo en el PDA optó por aproximarse a la coalición con los dos líderes que registran bien en las encuestas y supieron aferrarse a la bandera de la anticorrupción.

¿Sí hay con quién?

Hay muchos candidatos, pocos líderes y pocas expectativas de cambio. Son 30 los aspirantes a la Presidencia – dos veces más que el número de partidos con curules en el Congreso y 25 más que hace 4 años-.   La fragmentación de los partidos se duplica en elecciones presidenciales.

En medio de una oferta tan grande de candidatos no hay claridad sobre las diferencias entre ellos, salvo que algunos tienen el propósito de “hacer trizas” los acuerdos de paz y otros los defienden. El valor agregado viene de la coalición entre Claudia López, Jorge Robledo y Sergio Fajardo que acentúa el combate a la corrupción, y mencionan los problemas derivados de la desigualdad social.´

Ph.D. en Ciencia Política y profesor de la Universidad del Valle.